viernes, 23 de agosto de 2013

La otra noche...

Pasé un par de días dudando si debía escribir sobre lo que sucedió o cómo hacerlo, hoy sin más aquí está...

Santiago, my sun, te cuento, la otra noche después de que tu papá pasó por mi al trabajo, tuvimos que ir a cargar gasolina, hicimos la fila que generalmente se hace a esa hora y en quincena, finalmente llegamos con el despachador, tu papá le pidió lo de costumbre y al terminar pagó con la tarjeta; por algún problema de la terminal y el sistema, el proceso de pago demoró un poco más que de costumbre, tu papá y yo platicábamos de mil y un cosas en lo que esperábamos y pues ni modo, había que esperar; el despachador volvió y nos pidió una disculpa por el retraso, tu papá le respondió que no se preocupara y que muchas gracias; en eso, en lo que papá guardaba la tarjeta en su cartera sintió que el coche se movió hacia adelante; yo no sentí nada, pero su cara me advirtió de que algo había pasado y le pregunté, y me dijo que creía que el coche de atrás nos había golpeado; se bajó para ver qué había pasado y el conductor del auto de atrás que, para darle vida a un cliché, era un taxi le dijo exaltado -¿qué, ya terminaste no?- o sea, el golpe lo dió con toda la intención de ser agresivo; papá regreso al coche, se puso el cinturón y nos fuimos; le pregunté si nuestro coche se había lastimado, me dijo que si pero que no había más qué hacer empezando porque tú y yo estabamos ahí... y así, sólo nos fuimos, yo muy desconcertada y papá muy sereno, no sé que pasaba por su cabeza pero se veía muy sereno.

Seguimos platicando de otras cosas en el camino pero para mi fue inevitable continuar pensando en lo que había sucedido, no concebía que el golpe lo hubiera dado a propósito, me pregunto cómo y por qué alguién reacciona de esa manera, con tal desición de hacer daño, claro está que con tal intensidad de golpe nadie saldría herido, pero al fin es un daño a algo ageno, qué nivel de enojo podría tener, qué indiferencia hacía el prójimo, en fin, me sentí muy mal, no sé exactamente qué pero me sentí mal; entonces volví la mente a papá y descubrí de nuevo su serenidad, no volvió a tocar el tema.

Desde entonces hasta hoy he pensando en eso, en los otros que no siempre pensarán o actuarán como nosotros y en lo mejor que podemos hacer al respecto; quizá yo, en mi afán de entender, le hubiera preguntado al conductor por qué lo hizo, quien sabe qué me hubiera respondido y luego qué habría hecho yo con la respuesta, el coche no dejaría de estar lastimado y el señor, con tal modo de ser, en ese momento no iba a recapacitar en que actúo mal; pero tu papá fue más allá, y hoy que lo tengo claro lo valoro en gran medida, no permitió que el hecho le afectara, no respondió con enojo, no corrió un riesgo mayor, ni nos puso en riesgo, no le dedicó más tiempo a la agresión, en pocas palabras, no se involucró en un problema y creo que eso es algo digno de reconocer, agradecer y procurar cada día de nuestra vida.

Afortunadamente vivimos rodeados de diversidad y esa diversidad siempre incluirá situaciones también desafortunadas que estarán fuera de nuestro control, pero todo al final es una oportunidad. Algunas personas tienen cierto carácter o forma de pensar que nunca podremos comprender, pero sabes qué mi amor, creo que más allá de juzgar y cuestionar al otro, con cada una de esas personas o situaciones lo ideal es hacer lo que hizo papá, nunca involucrarse en un entorno de ira u ofensivo, por lo general no hay finales satisfactorios para nadie; y por otro lado tomar esa experiencia para reconocer tu tolerancia y compasión, fomentarla más si hace falta o ser agradecidos si la paz de tu corazón evadió por completo cualquier mínimo ápice de malestar y entonces seguir tu camino, tranquilo; no dañamos a nadie más ni a nosotros mismos. 

Creo que de esa manera contrarestamos lo negativo contribuyendo con algo positivo;  haya sido o no evidente para el taxista (aunque ojalá que si) no importa, siempre será bueno para el mundo y también para nuestra alma. Sin duda alguna siendo conscientes del bien común estaremos construyendo un mejor entorno.

Quizá tu papá no se dió cuenta de todo lo que pasó en mi mente después de ver su forma de actuar esa noche, que seguí pensándolo durante varios días e incluso quizá recuerde el golpe del auto hasta leer este post y todo esto es una razón más por la que lo amo tanto, por la que soy feliz y orgullosa de estar a su lado y por la que estoy segura de que será el mejor papá del mundo; simplemente, sin razonarlo, es un hombre lleno de virtudes.

¡Que dicha la nuestra Santiago!

Y... ¿por qué no?, ¡MUCHAS GRACIAS señor taxista enojado!