Dicen que es normal un aumento en la susceptibilidad de la madre primeriza, cambios repentinos de humor, momentos de llantos sin razón, etc; yo creo que cualquier llanto en los primeros días de ser madre tiene mil y un razones... si estando embarazada sientes que el mundo puede ser amenazador, ahora que ese pedacito de ti ya no está dentro con todo tu cuerpo para protegerlo, surgen tantas pero tantas cosas con las que te puedes llegar a sentir insegura, impotente y limitada; y sumado a esto de pronto llega ese momento, fugaz instante en el que reaccionas y te das cuenta que ya eres madre, que tu tiempo ya no es tuyo, que todas las cosas que antes dependían de ti tienen que encontrar la forma de suceder sin ti y que ahora, al menos en lo que te acostumbras o te organizas, es tu bebé lo único que debe absorber toda tu atención y, cansada o no, te necesita entera, segura, simpática y optimista, por aquello de que todo lo que sientes se lo transmites.
Mi baby-blues, si no mal recuerdo, sucedió al tercer día de estar en casa, simplemente me abrumé y los sentimientos me superaron, lloré y lloré, y cada que me preguntaban por qué lloraba encontraba una razón más, no lloraba por algo en específico lloraba por todo, por lo que sucedía y por lo que no sucedía... no me había despegado de mi hijo, prácticamente no había salido de la habitación, me bañaba y comía super rápido y a veces comía con él en brazos comiendo también (esto aún sucede) y obvio no había dormido gran cosa, hacía frío y vivía 24 horas preocupada por la temperatura y el ritmo respiratorio de Santiago; tampoco había tenido tiempo para meter la ropa a la lavadora; mi mamá, que vino para ayudarnos, estaba ayudándonos tanto que me sentí abusiva; cuestioné mis capacidades para ser madre, extrañaba a Luis a pesar de que no se había despegado de nosotros, extrañaba nuestros momentos solos, me extrañaba a mi... en fin; Luis y mi mamá acudieron de inmediato a mi consuelo, aunque al principio yo no quería hablar mucho, fueron insistentes y pude desahogarme y de ellos obtuve palabras certeras que amortiguaron mis conflictos; algunas cosas tenían solución y otras simplemente cambiaron para siempre por que así tenía que ser y aprenderé a vivir con eso; al poco rato me sentí mejor y volví en mi; mi llanto lleno de incertidumbre duró apenas un par de horas, por lo tanto, fue un episodio normal de desasosiego y no fue necesario hacer alguna consulta médica al respecto.
Claro que, a pesar de que las ganas incontrolables de llorar ya desaparecieron, esa gran pregunta en luz roja: -¿lo estaré haciendo bien?- no desapareció ni tantito, pero bueno, mi amor y dedicación a Santiago es incuestionable y haré siempre todo lo mejor que pueda por él; creo que ser madre por primera vez y no sentir algo de miedo o dudas es como subirse a la torre eiffel, ver para abajo y no sentir vértigo... supongo que como en todo, la experiencia y seguridad se agarra con el tiempo.
Y bueno, confiezo que no estaba muy segura de escribir acerca de esto, ya que dependiendo la perspectiva de cada lector podría prestarse a interpretaciones un poco chuecas o negativas que no deseo inspirar, pero hoy sucedieron dos cosas que me animaron a hacerlo, la primera, me acordé de mi "Nuevo Acuerdo Universal" de absoluta sinceridad que tan bueno es que aplique en el embarazo que cuando ya tienes a tu bebé en brazos, y segundo, hoy de nuevo sentí ese profundo desasosiego.
Esta vez no lloré, aunque poquito faltó, esta vez si tenía un claro motivo y se trata de elegir el pediatra de Santiago, quizá suena tonto pero en verdad es difícil y desconcertante (o yo me complico demasiado), pero es que hay que elegir a un completo desconocido al que le darás plena confianza sobre la salud de tu hijo y un poco la tuya también, eso merece toda la pena, preocupación y ocupación. Nosotros hemos visto apenas dos y de entrada no nos podemos quedar con el primero por que el seguro no lo cubre y el segundo, además de desacreditar totalmente las recomendaciones que el primero me dió, me salió con cosas que... ¡bueno!, y seguramente es un buen doctor, es una persona mayor con 35 años de experiencia según dijo, muy concurrido y recomendado pero me dijo dos cosas (o creo que más) que me hiceron ruido por completo y no, definitivamente no podría ver a ese señor cada mes ni mucho menos seguir sus consejos; y aunque dos pediatras aun son pocos, me pregunto si esto será un maratón o encontraremos pronto a esa persona en la que podremos confiar, que sus ideas de crianza vayan un poco más acorde a las nuestras; y si no podemos tener tanta suerte me pregunto qué debo aceptar y qué no, cuáles son las cualidades o habilidades que debo considerar más importantes para elegir al guardián de la salud de mi hijo, ¿debo ser yo más felixible? y entonces no ver con cachos y cola al que visité hoy por haberme dicho que le debo dar a beber agua a mi bebé y darle de comer exactamente cada 3horas "como relojito" 10min de cada pecho, muy al contrario de lo que hago: leche materna exclusiva y a demanda; y también considerar, aunque de entrada me parece absurda, su sugerencia de que nos cambiemos de casa porque en la zona que vivimos suele hacer mucho mucho frío y el techo de mi casa es de madera y genera esporas... creo que en cualquier situación considerarías como bueno a un médico con 35 años de experiencia y un consultorio concurrido, quizá es correcto todo lo que me dijo pero entonces ¿puede ser bueno para Santiago aunque no me haya gustado a mi?.
Definitivamente no nos quedaremos con él pero considerando los motivos no puedo evitar cuestionarme si es una buena desición, debo ceder y aceptar más amablemente las recetas de los expertos o ¿cuántos médicos más hemos de ver para encontrar a nuestro pediatra "ideal"? ¿existe?.
Espero que la próxima consulta sea una mejor experiencia que la de hoy, la buena noticia es que Santiago ya pesa 3,100 kg.
No hay comentarios:
Publicar un comentario