Hace ya casi un mes que iniciamos las clases de Kundalini Yoga y ha sido genial, asistimos los dos, lo hemos disfrutado y se ha convertido en un momento especial entre nosotros y con Santiago.
Además de ejercitar las oxidadas articulaciones y la capacidad de concentración en un solo pensamiento hemos aprendido muchas cosas, como que la divinidad de una mujer es por género y hay miles de razones por las que podemos sentirnos dichosas y caminar por la vida sabiéndonos un elemento indispensable del universo.
Sano, sonriente y sagrado debe ser todo ser humano y más que nunca una mujer que vive un embarazo, y esto se ha convertido en mi propósito más sútil, no sólo por mi o por Luis, ahora sobre todo por Santiago; son mi cuerpo, mi mente y mis pensamientos los que le darán a mi hijo esa primera impresión del mundo; hoy más que nunca quiero ser esa persona serena, consciente y a la vez selectiva, así podré hablarle a mi hijo de los diferentes matices de la vida y el amor, la felicidad, la gratitud, el respeto, sobre todo por él mismo, entre otras cosas que considero importantes; y aunque sé que es una gran responsabilidad educar a un ser humano de cierto modo me siento tranquila por que Luis es mucho de lo que me gustaría que mi hijo sea cuando crezca.
Y volviendo al yoga, ha sido a través de lo aprendido en clase que he descubierto que entregar al mundo un buen hombre no es tan difícil, debemos empezar por serlo nosotros sin dudas ni recovecos, siendo buenos padres, un ejemplo y por supuesto que nos esforzaremos por serlo.
Y hay algo que considero sumamente especial y que deseo con el corazón que Santiago aprenda y es a disfrutar el presente, ha sentirse dichoso con el ahora y que tenga la certeza que mañana será tan bueno como hoy.
Así que tengo claro un objetivo, ser una mujer sana, sonriente y sagrada, una buena esposa y una buena madre y criar un hijo feliz que siempre se sienta sano, sea sonriente y se sepa sagrado. Sin duda nos divertiremos.
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