miércoles, 13 de noviembre de 2013

02.11.13

Tan sólo fueron un par de horas depués de terminar de escribir el post anterior cuando todo comenzó; cenando pan de muerto muy agusto con mis suegros, la fuente se rompió, sólo fue un poco de agua, llamámos al doctor y fuimos a casa; camino a casa más y más agua, al llegar comenzaron las contracciones, leves aún, me metí a bañar y entonces las contracciones comenzaron a ser más frecuentes y cada vez menos leves, volvimos a llamar al doctor y entonces mencionó que todo iba avanzando rápido así que, en cuanto pudieramos, nos fueramos al hospital... Tan sólo un par de horas antes le había escrito a Tiago que la casa, papá y yo estábamos listos sin pensar en que nuestro pequeño respondería tan pronto; era viernes por la noche, no muy tarde y al terminar de escribir pensé que podríamos adelantar algunos pendientes del fin de semana y nos fuimos al super, durante las compras todo bien, sólo ese "malestar del colon" que ya se me había hecho costumbre desde hace una semana, justo un día antes me había hecho sentir bastante mal; siguiendo la buena tradición compramos pan de muerto para cenar con mis suegros; llegamos a casa, bajé del auto con el pan en una mano  y en la otra algo más que no recuerdo, y varios pasos antes de llegar a la puerta un "retortijón" me detuvo, fue fuerte, me tuve que sentar en una bardita, Luis me quitó las cosas de la mano y le dije que todo estaba bien, que era la lata del colon... ¡oh! equivocación. 

Mientras aun seguía en la regadera Luis contaba y cronometraba mis contracciones, llegaba una cada 7 minutos, al salir del agua todo tomó un poco más velocidad; llamámos a mis papás y confirmamos a mi suegros que ya era hora; Luis subió las maletas al coche, ¿y yo?... yo me vestí y me puse a... ¡guardar el super!... me sentía nerviosa y ansiosa y no quería dejar todas las compras afuera, jaja, lavé las verduras, las frutas, acomodé algunas cosas y otras las escondió Luis para que ya no las viera y entonces por fin me subiera al coche para irnos, las contracciones ya no eran nada leves, hacían que me doblara del dolor. 

Llegamos al hospital, por el camino más largo y más transitado, ya eran casi las 12 pero era viernes y festivo, ni modo, inesperado y doloroso pero llegamos. Registramos nuestro ingreso y me subieron para monitorear las contracciones y el ritmo cardiaco de Tiago. El médico de guardia me revisó y dijo que tan sólo tenía 1cm de dilatación... ¡oh cielos, tanto dolor y es sólo 1! ¿cómo serán los 10?... por ¿"fortuna"? el médico no me revisó muy bien por que al poco tiempo llegó mi ginecólogo y resulta que ya tenía 6cm, 6 sonó mucho mejor que 1. De los 6 a los 8cm llegué muy rápido, duele... vaya que duele, como ningun otro dolor en el mundo, creo que si me hubieran arrancado una pierna a la par de una contracción no me hubiera dado cuenta, en serio, duele... mi doctor indicó que me pusieran la epidural y aunque yo me quise hacer la valiente y le pedí con todo y mis lágrimas que continuaramos así, él insistió, y justo en ese momento una contracción todavía más dolorosa me hizo aceptar la anestesia de inmediato. 

Ya eran más de las 3am, aunque para mi, habían pasado minutos de que llegamos al hospital, o algo así; ya sin dolor nos dieron las 4:30am, ¡que diferencia!, podía platicar y bromear con Luis mientras esperábamos los tan deseados 10cm, pero no, casi 2 horas y seguiamos en 8 y el doctor me había dicho que Santiago aun no se encajaba y que era muy raro para el grado de dilatación que tenía, por lo tanto, escuché lo que menos quería escuchar, había que proceder con una cesárea.

Fue cuestión de una hora más o menos y Santiago ya estaba con nosotros; al entrar al quirófano yo temblaba de nervios y sólo preguntaba a qué hora podría entrar mi esposo, lo necesitaba ahí, conmigo en todo momento, me prepararon, me anestesiaron y entonces empece a escuchar blabuceos y a comprender cada vez menos lo que decían los doctores, pero de pronto Luis ya estaba a mi lado y sujetaba mi mano, yo estaba verdaderamente aturdida pero concentré mi mirada en mi esposo y agudizé mis oidos para el momento, un par de sacudidas fuertes y así de pronto escuché el llanto más glorioso de toda mi vida, 5:37am, nuestro hijo había nacido, escuché también que tenía dos circulares al cuello bastante apretadas con todo y una manita amarrada también; por eso Tiago no había podido descender y con cada intento sólo lograba apretarse más.


El llanto de Santiago se escuchaba claro y fuerte, en eso Luis tuvo que soltar mi mano para ir junto al pediatra para su evaluación; luego me dijeron que sacó 9-9 en apgar, estuvo perfecto, tenía los ojos muy abiertos, midió 48cm y pesó 2,425gr, un bebé pequeño pero muy fuerte y enérgico. Me lo acercaron y entonces dejé salir mis primeras lágrimas de orgullo por mi hijo. No pudimos tener contacto piel a piel como lo había pensado, pero Luis me lo acercó al pecho y mi maravilloso Santiago comenzó a mamar perfectamente, estuvimos poco más de 10 minutos así mientras aún me cerraban la panza pero para mi ya sólo existíamos los tres.

Una cesárea definitivamente no era parte de mi plan de parto, pero bendita astucia de mi doctor, Santiago y yo estamos bien, no sé si de haber esperado más tiempo en labor hubiermos logrado el parto, o algo no deseado hubiera pasado, no lo sé y no me quita el sueño, agradezco la cirugía que me permitió tener a mi hijo sin complicaciones. 

Las horas en la sala de recuperación me parecieron eternas, aunque aún estaba adormecida no logré conciliar al sueño, a cada rato preguntaba la hora a cuanta enfermera o médico entraba, había escuchado que a las 9am me llevarían a mi habitación y bajarían a mi bebé también, así que esperé y esperé ansiosa y preguntona, como si saber la hora haría que el tiempo pasara más rápido. 


Finalmente, poco antes de las 10am, mi pequeña familia estaba reunida en la habitación del hospital, Luis y yo perdidamente enamorados de nuestro pequeño sol, lo abrazamos todo el tiempo, comió de mi como todo un experto y durmió en el pecho de papá con tal confianza como si se conocieran desde siempre. Aún, canalizada, adolorida e hinchada por la cirugía, al ver a mi esposo y a mi hijo pude sentir ese momento de absoluta perfección en mi vida. 

No fue martes ni la fecha que soñé, no importa, cómodamente fue en fin de semana, el 2 de Noviembre de 2013. Ahora si, el sol llegó y la aterradora y mágnifica aventura de ser padres comenzó.

Bienvenido Santiago, ¡gracias!, te amaremos como locos.

1 comentario:

  1. Hermosa me encanta leerte...Acaba de leer tu post cuando me llego tu mensaje, guauuu se nota que sin querer queriendo ya presentias que Santiago vendría prontito, y como dice la palabras de Dios, "Los tiempos de Dios son perfectos", todo ocurrio tal cual debia ser, se nota que te portaste de 10, muy tranquila y relajada, segura de tus tiempos, además con la colaboración de tu maravilloso esposo que tambien actuo mi sereno, los tres hicieron un gran equipo... Gracias a Dios todo salio bien y Santiago ya esta con nosotros, no hay duda que estará en un hogar lleno de amor puro...Hoy empiezan una etapa muy diferente pero muy especial y única, no dejen que las cosas dificiles les quite la felicidad de disfrutar cada momento juntos, que cada día se distinto para ustedes, recargenlo diariamente con mucha mucha dosis de amor y comprensión, los amo!!!!Dios los bendiga.

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