O mejor dicho, se fue viviendo...
Ya tenemos 36 semanas y aunque si se siente que el tiempo pasó volando afortunadamente también pasarón muchas cosas que hemos disfrutado.
Además de mi panza, ha sido nuestra casita la que ha tenido grandes cambios, ella también está creciendo y también aún le falta, el cuarto de Santiago todavía no está listo, y eso me pone algo nerviosa, pero todo está quedando excelente y yo encantada que además de estrenar bebé también estrenaré nuevos espacios en nuestro hogar.
Volviendo a septiembre, empezó perfecto, pude volar a Chiapas directo a estar con Iker en su fiesta de cumpleaños, 2 años ya; desde la última vez que lo vi creció muchísimo y cada vez me enamoro más de él, es tan creativo al jugar y muy persistente cuando quiere o no quiere algo, a veces todo un personaje con firmes convicciones y luego un bebé que se hace grande pero aún te pide que lo abraces y de inmediato te derrites por hacerlo y sé que con Santiago en la panza no debía cargarlo pero me era imposible negarme, unos cuantos kilos de amor no podían hacernos daño, sin duda alguna ser tía es lo máximo. Fue genial verlo feliz con mi panza, haciéndole cosquillas, platicando y jugando con su primito "ndiago". Mi angelito favorito (como lo nombré cuando nació) ya es una bala y a menos que durmiera la siesta con él no le aguantaba el ritmo, hizo que todos los días me despertara temprano y aunque era algo que no planeaba hacer fue excelente amanecer con su vocesita diciendo mi nombre y listo para jugar y platicar, nos divertimos mucho y desde que volví lo extraño a montones.
Las semanas en Chiapas fueron calurosas y no presisamente por los más de 30ºC que hubieron, sino porque me pude llenar del calor de mi familia, pude sentir de nuevo estar cerquita de papá y mamá y de mis hermanos; esa rutina que de pronto me pareció un poco ajena pero con poco tiempo fue como si nunca me hubiera ido; me sentí dichosa de poder disfrutarlos, de que Santiago también sintiera a su familia, con tantos apapachos seguramente reconocerá a todos cuando vengan a visitarlo. No sé si a todos les pasa, pero a mi, cuando estoy cerca de mis papás, me da por sentir que todo está perfectamente bien, que tengo un escudo protector infalible y nada malo puede suceder, así que en todos esos días junto a ellos recargué mi escudo protector y Santiago y yo ya estamos más que cubiertos; y por cierto, como nota mental tengo que Luis y yo deberemos hacernos cargo de que nuestro Santiago se sienta siempre así de seguro a nuestro lado, creo que es una de esas cosas invisibles que hacen que una familia se mantenga fuertemente unida a pesar del tiempo y las circunstancias.
Y como suele suceder llegó la hora de volver a casa, y aunque en el aeropuerto perdí un par de los kilos de confianza que empaqué, afortundamente aún tengo suficientes; bárbaro el susto con una simple frase: -señora no puedo permitirle abordar- y es un cuento largo, fueron poco más de 30 minutos que me parecieron horas, pero al final, con la intervención de mi papá, una amiga que de casualidad me encontró en el aeropuerto, un par de paramédicos y una oración que repetí firmemente en silencio pude abordar muy a
pesar del necio supervisor que recibió instrucciones de su superior afirmando
que no tenía impedimento para viajar... ¡bendito! al fin me pude subir al avión.
La última semana de septiembre la pasamos en casa, disque "descansando", visitas de control al médico y al IMSS, trámites de incapacidad y comenzando a "anidar"... me fue un poco imposible estarme quieta, arreglé closets, tiré más de veintemil chucherías que ahora no entiendo por qué guardé y fui muy extricta a la hora de decidir qué conservar jajaja incluso con las cosas de Luis, que por supuesto estuvo de acuerdo y orgulloso de mi desprendimiento a toda la memorabilia. Aún me faltan muchas cosas que quiero arreglar, filtrar o encontrarle un mejor lugar pero lo haré hasta que terminen la obra, así al limpiar tendré más certeza de que se conservará así.
Terminó septiembre y en -franca cuenta regresiva-, como dice mi Gine, faltan sólo seis semanas, o cinco, o ¡cuatro!, ya veremos qué decide Santiago.
No hay comentarios:
Publicar un comentario