martes, 23 de julio de 2013

Mi bolita saltarina

Fue alrededor de la semana 18 cuando comenzé a sentir las caricias de mi bebé desde dentro, las primeras ocasiones me sorprendí mucho, eran sensaciones sutiles pero sin duda era él; cada que sucedía me quedaba inmóvil esperando que se repitiera, a veces me regalaba un par más y en otras ocasiones nada. A partir de ese momento esperaba ansiosa que Santiago creciera para que sus movimientos fueran más fuertes y poder poner la mano de su papá en mi vientre para que también los sintiera, la espera fue larga pero paciente, y por fin más o menos en la semana 22 pude ver los ojos de sorpresa de Luis al sentir el movimiento firme y preciso de su hijo a través de mi, es de las cosas que te enchina la piel y se graba en la memoria para siempre.

Hoy en la semana 25 nuestro bebé es toda una bolita saltarina y lo siento rebotar en cada extremo de mi panza que, válgase destacar, ya se nota toda redonda, y no es por que sea mía, pero es preciosa; me fascina notar en mi cuerpo que Santiago crece, se acomoda, juega y nos regala dichosas muestras de su presencia. 

A veces me siento distante de comprender completamente el milagro de la creación de vida aun cuando esta sucediendo justo dentro de mi, es un acto tan magnánimo que... justo me deja sin palabras; busco qué leer, qué hacer y aprender para estar preparada, pero todo lo que uno pude llegar a saber siempre se quedará pequeño ante la sabiduría de la naturaleza y del mismo cuerpo humano, en ocasiones pienso si será mejor sólo dejarme llevar, atender y escuchar la voz interior y las señales de mi bebé; por lo pronto hay días que me quiero deborar todas las letras escritas sobre gestación y maternidad y otros en  que tan solo cierro los ojos y hablo conmigo y con Santigo pidiendo al universo lleguen a mi las respuestas y el conocimiento necesario para hacer lo que debo hacer mientras mi bebé aún crece dentro de mi y para cuando lo pueda sujetar entre mis brazos. 

Mientras tanto lo constante es la alegría, la dicha y asombro en cada momento, en cada etapa alcanzada; una sonrisa cada vez que veo mi panza deforme, con un pico, y me atrevo a imaginar que es la cabeza de mi bebé o quizá sus piecitos; una delicia sentir como Santiago reacciona y se mueve al escuchar la voz de su papá cuando llega la hora en que pasa por nosotros al trabajo y comenzamos a platicar o la vez en que sus abuelitos (mis papás) le hablaban y le pedían una patadita y él muy a gusto respondió y en varias ocasiones. 

Creo que son esos momentos, pequeños instantes a lo largo de 9 meses desde la prueba positiva, los que contribuyen a la transformación de la venas de mujer a unas de madre, todo te cambia, no sólo el cuerpo y vaya... ¡que honor tan grande!.

 




No hay comentarios:

Publicar un comentario